Interpretaciones contemporáneas e ideas de lo sobrenatural en torno a la muerte
 
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Vita Brevis en FlipBook

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D E B A T E

Breve análisis sociológico sobre las transformaciones de los velorios hoy en día debido a la modernidad. El caso de dos municipios del Estado de México: Tepotzotlán y Naucalpan de Juárez
Juana Iris Fragoso Barreto
Facultad de Estudios Superiores-Acatlán, Universidad Nacional Autónoma de México

 

Resumen

Ante el cambio vertiginoso en las conductas y formas de pensar de los individuos, la modernidad ha suscitado transformaciones en las prácticas culturales realizadas en forma cotidiana. Un ejemplo de esto son los velorios, momentos en los que surge una interacción social entre los miembros de una comunidad al despedir a un difunto y en los que se dan muestras de afecto y solidaridad. Mientras que hoy en día las costumbres funerarias perduran en los pueblos o municipios más tradicionalistas, en las zonas urbanas o conurbadas se han convertido en situaciones más frías y solitarias, al cambiar de lugar y de contexto.

Palabras clave: velorios, prácticas culturales, modernidad, individualismo, tradiciones, interacción.

 

Abstract

Given the fast-paced changes in the behavior of individuals and their ways of thinking, modernity has brought about transformations in everyday cultural practices. The present study examines wakes, special times of social interaction between members of a community as they bid farewell to the deceased and show signs of affection and solidarity. Whereas funerary customs survive nowadays in small towns and more traditionalist municipalities, in urban zones and greater metropolitan areas they have become colder and more solitary events as a result of the change in place and context.

Keywords: wakes, cultural practices, modernity, individualism, traditions, interaction.

 

Al final de la vida se revela lo que la vida es desde el principio: contingencia.

Andrés Ortiz-Osés

 

La modernidad y los efectos que ocasiona en los velorios, vistos como prácticas culturales

La etapa denominada modernidad o posmodernidad suscita cambios no sólo en la manera de concebir el mundo, sino también en las acciones de los individuos. Hoy en día la sociedad se ve envuelta por un sinfín de transformaciones en los lazos de unidad existentes entre los integrantes de un grupo o comunidad: éstos han perdido fuerza debido al individualismo imperante y a consecuencia del capitalismo que cubre la vida y realidad de las personas.

Tan es así que estas modificaciones han alcanzado muchas actividades y situaciones cotidianas de índole mortuoria; por ejemplo, en los velorios se observa cómo el mercado y el mundo moderno han alterado las prácticas que tienen lugar en éstos. Cuando se acude a los velorios en los pueblos, como en el caso del municipio de Tepotzotlán, se llevan a cabo en los hogares de los difuntos o en la casa de algún pariente. Allí se dan muestras de cooperación y ayuda por parte de los vecinos, amigos y, por supuesto, de los familiares. En contraparte, al ser partícipe de velorios en el municipio de Naucalpan es posible vislumbrar una actitud distinta, con otra dinámica e interacción entre los asistentes, pues se dan en lugares específicos como los velatorios, ya sean públicos o privados.

De esta forma existe una lucha entre el mundo moderno y el tradicionalista. En el segundo se busca perpetuar las costumbres de los miembros del grupo, lo cual define y caracteriza su identidad, además de cohesionar a la comunidad y brindar representatividad ante otros individuos, mientras que en el mundo moderno ya no se presentan estos lazos de fraternidad y ayuda: la sociedad se ve fragmentada; existe un desinterés generalizado por el acontecer del otro; las personas se han individualizado, sumergidas en su propio yo, encadenadas a un tiempo finito, y olvidan ciertos eventos importantes en la existencia de todo ser humano, como la propia muerte.

En la actualidad el ser humano se encuentra en un trance donde no existe la percepción tangible de la muerte. Se trata de un tema tabú, del que no se habla hasta que se tiene de frente. La gente se cree intocable, inmune, y se piensa que la vida se puede alargar con los avances de la tecnología y la medicina.

Hoy en día aspectos del orden público se privatizan con frecuencia; se omiten ciertas prácticas y tradiciones que se celebraban en conjunto con vecinos y amigos, y ahora se prefiere realizarlos en la intimidad de una capilla privada o bien de aquéllas públicas para sus derechohabientes. Con esto se experimenta un cambio en el escenario comunitario y familiar que tenía lugar en los hogares de los difuntos; ahora, por problemas de espacio, se prefiere contratar los servicios de las funerarias y los velatorios. Lo anterior ocasiona una pérdida de la identidad, de las tradiciones y las prácticas culturales, que son parte fundamental de un grupo determinado. Esto se ve influido por el mundo moderno, que rompe con las comunidades y desintegra los vínculos sociales entre los integrantes.

Con demasiada frecuencia las personas se miran hoy como individuos aislados, independientes de los demás. Perseguir los intereses propios, entendidos de manera separada, parece por tanto lo más sensato que se puede hacer. Así, la búsqueda de una especie de sentido para uno mismo se presenta como la principal tarea de la vida: un sentido independiente de todos los demás (Elias, 2009: 45).

El mundo moderno se ha encargado de moldear a la sociedad a su antojo. Se aprecia un desencanto por la vida colectiva y hoy se busca independizarse de la carga que conlleva estar en un ámbito tradicionalista. Se menosprecian los viejos modelos de conducta y se adoptan nuevos estilos de vida, nuevas maneras de concebir la realidad. Ahora las personas son seres consumistas y solitarios en una sociedad en crisis, sumergida en un caos donde el individualismo rige las acciones. Los estilos de vida se han visto modificados por el sistema capitalista y la globalización, regidos por las reglas del mercado, donde el ser humano se dedica a consumir lo que los grandes consorcios venden. Se dejan de lado las tradiciones y se prefiere lo nuevo, lo que está de moda. Las tradiciones se van diluyendo ante un mundo imparable, sin certezas, donde el dinero impone la manera de vivir y pensar.

Las representaciones colectivas son el producto de una inmensa cooperación extendida no sólo en el tiempo, sino también en el espacio. Una multitud de espíritus diferentes han asociado, mezclado, combinado sus ideas y sentimientos para elaborarlas. Numerosas generaciones han acumulado en ellas su experiencia y su saber. En éstas se concentra algo así como un capital intelectual muy particular, infinitamente más rico y complejo que el individual (Durkheim, 1995: 14).

Cuando se rompe con el mundo tradicionalista, se fragmenta un estilo de vida que tenía como base el sentido comunitario, el cual queda en el pasado. Esas tradiciones se cambian por nuevas actitudes y modas mediante las que se imponen el egoísmo, la indiferencia y la apatía ante una realidad en trance. Las relaciones personales se vuelven desechables y efímeras con mayor frecuencia, lo cual afecta tanto los aspectos individuales como a la colectividad. En menor medida que antes, la tradición social proporciona a la gente formas de expresión estereotipadas, comportamientos estandarizados para aliviar la fuerte carga emotiva que conllevan tales situaciones. Las fórmulas y ritos convencionales del pasado se siguen utilizando, pero cada vez son más las personas que encuentran embarazoso servirse de ellas porque se les antojan vacías y triviales (Elias, 2009: 34).

 

   
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