Interpretaciones contemporáneas e ideas de lo sobrenatural en torno a la muerte
 
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D E B A T E

El Coaibai en las crónicas indianas del Caribe: punto de intersección entre la vida y la muerte
Mariana Pablo Norman
Universidad Nacional Autónoma de México

 

Resumen

El Coaibai representa la superposición de dos planos: la vida y la muerte. Asimismo, es el punto donde colisionan dos percepciones opuestas del mundo: la europea y la de las tierras amerindias. Y no sólo eso, pues da cuenta de otros problemas medulares sobre el tema: la distinción entre muertos y fantasmas como reinos independientes en el tiempo y el espacio, además de la función crucial del alimento como método de contención, como modo de obtención de información sustantiva y como medio de retribución entre ambos mundos.

Palabras clave: Coaibai, muertos, fantasmas, Caribe, europeo, amerindio, crónicas.

 

Abstract

The Coaibai represents the superimposition of two planes: life and death. Likewise, it is the point where two opposed perceptions—the European and the Amerindian—of the world collide. Moreover, it points to other core issues on the subject: the distinction between the dead and ghosts as kingdoms independent in time and space, in addition to the crucial function of food as a method of containment, as a means of obtaining substantive information, and as a means of retribution between both worlds.

Keywords: Coaibai, dead, ghosts, Caribbean, European, Amerindian, chronicles.

 

Muchas obras de la humanidad han sido engullidas por el silencio del tiempo. Desafortunadamente, qué se conserva y qué no es una cruel decisión del azar. En la historia de la literatura, de seguro el número de textos perdidos supera por mucho al de los que han llegado hasta nuestras manos. A pesar de esto, el eco de algunas obras se aferra con sus garras para no desaparecer en las fauces fantasmales del olvido. De algún modo logran asomar sus rostros transparentes, infiltrándose en las páginas de otras creaciones que sí han logrado preservarse.

Entre tantos ejemplos posibles me viene a la mente el de Protesilao, tragedia escrita por Eurípides, que fue rescatada de la extinción –al menos su argumento– al quedar fosilizada en los Comentarios de Arístides de Atenas en el siglo II d.C. (Roscher, 1978: 671). Esta afortunada supervivencia arroja datos inusuales que no siempre fueron transmitidos por el resto de la tradición clásica, como el nombre y vida del primer héroe caído al invadir Troya o el descontento general de los pueblos helenos para marchar en contra de los teucros.

La aparición de esta información privilegiada puede replantear la interpretación no sólo de una obra literaria, sino también la de una etapa histórica entera. Dos mil años después y del otro lado del mundo, Hernando Colón tuvo el buen juicio de cobijar en la Historia del almirante (1991: LXII) un resumen de la Relación acerca de las antigüedades de los indios,1 escrita por fray Ramón Pané, un ermitaño de la orden de San Jerónimo que dominaba la lengua de los indígenas del Caribe y que la redactó por mandato de Cristóbal Colón. Este documento, cuyo contenido antropológico, etnográfico y literario es invaluable, no sólo contiene la teogonía y antropogénesis, sino también un extraordinario monumento a las creencias en torno a la muerte de los pueblos del Caribe. Sus características son tan peculiares que es posible suponer la existencia de una tradición amerindia respecto a los estados post mortem independiente de las del resto del mundo.

Pero ¿cómo distinguir una línea de tradición nueva cuando ésta ha sido descrita por un cronista occidental que a su vez refiere la obra perdida de otro? Considero que, cotejándola con otras líneas de tradición literaria, es posible discernir elementos inusuales e innovadores.

Varios aspectos resultan cruciales en la descripción y comparación de los estados post mortem insulares: la locación temporal y espacial de los muertos –incluidos los fantasmas; cómo sacian el hambre y de qué modo lo retribuyen a los vivos; la movilidad temporal y espacial de los fantasmas y de qué manera esta cualidad explica las funciones de estos seres en los relatos.

 

Distinción de una línea de pensamiento amerindio insular.
Locación espacial y temporal de los muertos y fantasmas en las islas del Caribe
2

Dos preguntas fundamentales ocupan el pensamiento mortuorio de todos los pueblos: ¿dónde habitan los muertos? y ¿cuándo conviven con los vivos? En el caso de los antiguos habitantes de las islas del Caribe, estas preguntas no fueron distintas. Y aunque parecen de solución elemental, pronto será evidente que son únicas en los vestigios literarios.

 

Locación espacial

El Coaibai, valle donde habitan todos los difuntos, es el único lugar que se sitúa en idéntico plano espacial que el mundo de los vivos. No hay que emprender temibles travesías iniciáticas, a gran profundidad ni a gran altura; tampoco es necesario atravesar inmensos mares brumosos: tan sólo se requiere viajar un mínimo trayecto horizontal, al norte de la isla –Soraya era el nombre de esa región de la isla La Española–, para encontrarlo. Por si fuera poco, “afirman que allí encuentran a sus padres y a sus antecesores; que comen, tienen mujeres y se dan a placeres y solaces” (Colón, 1991: LXII).

Después de leer la aparente simplicidad con que se explicaban el Coaibai, supuse que en otras fuentes antiguas encontraría referentes similares. Así advertiría si Hernando Colón, al transcribir la obra perdida del fraile ermitaño de la orden de San Jerónimo, vertió consciente o inconscientemente características de otras líneas de tradición literaria respecto a las regiones de los muertos.

Al igual que en el pensamiento insular amerindio, los referentes occidentales y orientales más antiguos reúnen en un mismo lugar, sin que medie aún distinción moral alguna, a todos los muertos. En cuanto a la localización exacta de este lugar, la situación no es tan clara como la del Coaibai. En las tradiciones acadias y sumerias de Oriente Medio, dos mil años antes de nuestra era, el mundo de los muertos se situaba en línea vertical. Sirva el ejemplo de Gilgamesh, quien debe cavar un agujero para acceder a él y consultar al alma de su desafortunado amigo Enkidú, si bien nunca se aclara el lugar donde debe ser cavado tal agujero. La información que recibe es nada alentadora: se trata de un mundo perpetuo de polvo y tiniebla, donde su cuerpo es roído por la polilla (Pritchard apud Minois, 1994: 21). Dista mucho de ser el lugar placentero de esparcimiento del valle haitiano de Saroya.

 

1 Hacia 1498 entregó a Colón sus apuntes en español, con el título “Relaciones acerca de las antigüedades de los indios”; el material llegó a Sevilla, donde Pedro Mártir de Anglería (1455-1526), miembro del Consejo de Indias y primer historiador general de las Indias, publicó –en latín– un resumen de su contenido en Décadas del Nuevo Mundo, y Bartolomé de las Casas extrajo algunos fragmentos, agregándoles comentarios propios para su edición de Apologética historia de las Indias.
2 El estudio se refiere a la isla La Española cuyo nombre autóctono era Haití, en tanto que las otras islas del Caribe eran llamadas Bohío.

   
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